Resumen:
La inteligencia artificial (IA), en la última década ha emergido como una de las fuerzas más importantes y disruptivas del siglo XXI, transformando no sólo la manera en que interactuamos con la tecnología, sino también la estructura misma de nuestras sociedades. En un contexto donde la automatización y el análisis de datos masivos se han vuelto omnipresentes, las disciplinas de las ciencias sociales enfrentan duras problemáticas; la necesidad de adaptarse en entornos donde la IA configura las dinámicas de conocimiento, poder y trabajo, esto con la intención mayoritaria de fortalecimiento de los sistemas de producción.
Este fenómeno plantea interrogantes críticos sobre la naturaleza de la educación, la formación profesional y la capacidad de los individuos para trabajar y desarrollar un pensamiento crítico, en un mundo que día con día es ponderado por algoritmos y prioriza otro tipo de conductas humanas.
Al replicar y, en algunos casos, superar las capacidades humanas en tareas de simpleza cognitiva, la IA ha comenzado a influir en la forma en que se enseña y se aprende, para el caso que nos ocupa, en las ciencias sociales, ya que su presencia no es neutral. A medida que las herramientas de IA se integran en los procesos educativos, surge la preocupación de que estas tecnologías puedan contribuir a la alienación de los estudiantes, profesores y cualquier ente involucrado en los sistemas académicos, despojándolos de su capacidad crítica y de su conexión palpable del entorno social; esto es sumamente grave, considerando que es estrictamente necesario para el proceso formativo de los científicos sociales, tener acercamiento y posibilidad de análisis de todo fenómeno social.