Resumen:
Las sociedades actuales atraviesan profundas crisis de convivencia derivadas
de la desigualdad, la fragmentación social y el predominio de la violencia como
forma de respuesta ante el conflicto. Estas dinámicas no se limitan al ámbito
político o comunitario, sino que se reflejan también en los espacios escolares,
donde el acoso, la exclusión y la intolerancia se han convertido en expresiones
cotidianas de una cultura que normaliza el agravio. Frente a esta realidad, el
sistema educativo enfrenta el reto de replantear sus métodos y objetivos,
reconociendo que educar no se reduce a transmitir conocimientos, sino que
implica formar seres humanos capaces de convivir pacíficamente, gestionar sus
emociones y reconstruir sus vínculos sociales.