Resumen:
Repensar la ética en la investigación social y turística es hoy una tarea inaplazable ante prácticas que, pese a declararse participativas, continúan reproduciendo jerarquías epistémicas y relaciones extractivas del saber. Desde una revisión bibliográfica crítica y hermenéutica de veintinueve fuentes (2004–2023), se plantea la urgencia de incorporar la ética como eje transversal de todo proceso investigativo, especialmente en estudios realizados con comunidades rurales, pueblos indígenas y mujeres, cuyos saberes suelen ser marginados o instrumentalizados. El análisis identifica tres dimensiones convergentes: la ética epistémico-deontológica, orientada a la responsabilidad científica y social; la bioética contextual, que adapta los principios universales a las realidades de los territorios; y la ética relacional-reflexiva, que promueve una lógica dialógica entre investigador e investigado. Los resultados evidencian que solo una ética situada y coproducida puede garantizar la legitimidad del conocimiento, dignificar las voces locales y adecuar las metodologías a los contextos culturales. Este trabajo invita a incorporar la ética no como requisito formal, sino como práctica viva que vincula ciencia, territorio y justicia cognitiva.